
El Centro Democrático respondió a las declaraciones de Abelardo de la Espriella, quien insinuó que la senadora Paloma Valencia es una candidata del “establecimiento”. El choque evidencia una fractura dentro de la derecha colombiana en pleno arranque de la carrera presidencial.
La tensión no es menor. Cuando Abelardo de la Espriella lanzó el señalamiento, no solo cuestionó a una figura política, sino que intentó instalar una narrativa: que algunos liderazgos representan lo mismo que muchos votantes dicen rechazar.
Una acusación con carga política
En el contexto actual, ser catalogado como parte del “establecimiento” puede convertirse en un lastre electoral. El discurso antisistema ha ganado terreno, incluso dentro de sectores tradicionalmente conservadores.
Por eso, la insinuación de De la Espriella no es improvisada. Busca marcar distancia y posicionarse como una alternativa distinta dentro del mismo espectro político.
El partido cierra filas
La reacción del Centro Democrático fue inmediata. La colectividad salió en defensa de Paloma Valencia y rechazó los señalamientos, dejando claro que no comparte ese tipo de calificativos.
El mensaje es directo: en medio de una posible disputa interna, el partido busca evitar fracturas que debiliten su estructura de cara a futuras elecciones.
Más que un cruce de palabras
Lo ocurrido no es solo una polémica. Es una señal de que la derecha colombiana ya está en competencia interna, incluso antes de definir oficialmente sus candidaturas.
De un lado, figuras como Valencia representan una línea institucional con trayectoria dentro del partido. Del otro, perfiles como De la Espriella intentan abrir espacio con un discurso más confrontacional.
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El fondo de la disputa
La verdadera pelea no es solo por una candidatura. Es por el relato. Quién representa el cambio y quién carga con el peso del pasado.
En ese escenario, acusar a alguien de pertenecer al “establecimiento” es una jugada estratégica para restarle legitimidad frente a un electorado que exige renovación.
Una derecha fragmentada
Lejos de una unidad sólida, la derecha en Colombia enfrenta una fragmentación creciente. Diferentes liderazgos buscan imponerse, no solo en votos, sino en narrativa política.
Este tipo de enfrentamientos anticipa una campaña marcada por tensiones internas, donde el principal rival no siempre estará en la otra orilla ideológica.
Lo que viene
El episodio deja claro que la carrera ya empezó. Y que, antes de enfrentarse a otros sectores, la derecha deberá resolver sus propias divisiones.
Porque en política, las fracturas internas no solo desgastan. También redefinen quién tiene realmente el control.



