Paseo de la muerte
Una denuncia pública vuelve a estremecer al sistema de salud colombiano. La vida, otra vez, colgando de una cama que no aparece.
Lo que debía ser una remisión médica urgente terminó convertido en un viacrucis cruel. Desde las 5:00 p. m., una paciente en estado delicado, remitida desde el Hospital Municipal de Miranda, Cauca, ha sido rechazada por múltiples centros asistenciales mientras permanece dentro de una ambulancia, viendo cómo su condición se deteriora minuto a minuto.
Primero fue la Clínica Santa Bárbara de Palmira. No había camas.
Después, el Hospital Departamental de Cali. Tampoco.
La respuesta, según relata la familia, fue tan fría como alarmante: “si no la recibieron en Palmira, menos aquí”.
La ruta siguió. Hospital Mario Correa. Negada. Clínica Cali. Otra puerta cerrada.
Y mientras tanto, la paciente sigue ahí, en tránsito eterno, atrapada entre sirenas, tráfico y decisiones administrativas. No está en una UCI. No está en cuidados intermedios. Está en una ambulancia, como si su vida estuviera en lista de espera.
La denuncia, hecha por Leidy Gutiérrez, no es solo un grito de auxilio. Es un golpe directo a la conciencia del país. Porque aquí no falló un médico. Falló el sistema completo.
La pregunta es brutal y simple: ¿hasta cuándo la vida dependerá de una cama disponible?
Esto no es un caso aislado. Es el reflejo de un modelo que, en la práctica, convierte la urgencia vital en un trámite. Donde el tiempo no es clínico, es burocrático. Donde la vida no se prioriza, se gestiona.
Hoy duele la enfermedad. Pero duele más la indiferencia.
La familia exige atención inmediata, intervención de las autoridades de salud y acciones concretas de los entes de control. Porque ninguna persona debería morir recorriendo hospitales. Porque ninguna familia debería ver cómo se apaga un ser querido mientras le cierran puertas en la cara.
Colombia no puede seguir normalizando esto.
La salud no es una ruleta. Y la vida no debería depender de encontrar una cama libre.
Emilcar
Noticolombia.net



