
En los últimos meses, una frase contra el gobierno Petro y la economía, se ha repetido como un eco constante en redes sociales, tertulias familiares y discursos políticos: “Este gobierno ha acabado con la economía del país”. Para muchos colombianos, esta afirmación suena como una verdad incuestionable. Pero ¿qué dicen los datos reales? ¿Está Colombia realmente en ruinas económicas, o se está manipulando la percepción ciudadana con fines políticos?
La respuesta, respaldada por fuentes oficiales, organismos internacionales y análisis técnicos independientes, es clara: no, el gobierno no ha destruido la economía de Colombia. Al contrario, en medio de una tormenta global sin precedentes, el país ha mostrado resiliencia, estabilidad y avances concretos en indicadores clave.
Gobierno con crecimiento económico: lento, pero real
Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Colombia cerró 2023 con un crecimiento del PIB del 1,3%. Para 2024, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta un crecimiento del 1,8%, mientras que el Banco de la República estima un rango entre 1,5% y 2,0%.
Estos números no son espectaculares, pero son positivos. En un contexto global marcado por guerras, crisis energéticas y alzas en tasas de interés, mantener un crecimiento sostenido es un logro. Países como Alemania, Reino Unido y Japón han enfrentado recesiones en el mismo periodo. En América Latina, Colombia se ubica entre las economías con mejor desempeño relativo.

Además, Colombia sigue siendo la cuarta economía más grande de América Latina, y en términos de PIB nominal ya superó a Argentina en 2023, según el FMI. A nivel mundial, se mantiene entre las 35 y 40 economías más grandes, dependiendo del indicador utilizado.
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Petro y la Inflación: el fantasma que ya se retira
Uno de los argumentos más utilizados contra el gobierno es la inflación. Es cierto: entre 2022 y principios de 2023, los precios subieron hasta un 13%, el nivel más alto en más de dos décadas. Pero este fenómeno no fue exclusivo de Colombia. Fue global: Estados Unidos, la Unión Europea y casi toda Latinoamérica enfrentaron la misma presión inflacionaria, provocada por la guerra en Ucrania y la ruptura de cadenas de suministro.
La diferencia está en la respuesta. El Banco de la República —independiente del gobierno— actuó con firmeza, elevando las tasas de interés para contener la espiral. El resultado: a octubre de 2025, la inflación se ubica en 5,2%, acercándose al rango meta del 2%–4%. Esto no es casualidad. Es política monetaria responsable.
Empleo: más trabajo, pero con matices sobre la informalidad
El DANE reporta una tasa de desempleo del 9,8% en el segundo trimestre de 2025, la más baja desde antes de la pandemia. Además, se han generado más de 1,2 millones de contratos formales desde 2022, con un crecimiento sostenido durante 18 meses consecutivos.
Sin embargo, hay un matiz importante: la informalidad laboral sigue siendo alta, con una tasa del 47%. Algunos críticos señalan que ciertas reformas propuestas o implementadas —sobre jornadas laborales, horas extras y contratación flexible— podrían estar incentivando prácticas que, aunque técnicamente legales, generan empleo precario.
Por ejemplo, se ha observado un aumento en contratos a término fijo, prestación de servicios disfrazada de relación laboral y jornadas fragmentadas que evitan el pago completo de prestaciones. Estas figuras no siempre se clasifican como “informales” en las estadísticas, pero sí afectan la calidad del empleo.
El gobierno sostiene que estas medidas buscan dinamizar sectores golpeados como el turismo y la construcción, y que cualquier abuso debe ser sancionado por la Inspección de Trabajo. Además, recuerda que la reforma laboral en trámite en el Congreso busca justamente fortalecer los derechos de los trabajadores, limitar la tercerización abusiva y garantizar el pago de horas extras.
En resumen: sí ha bajado el desempleo. Sí ha crecido el empleo registrado. Pero persisten desafíos en la calidad del trabajo, que requieren vigilancia, no alarmismo.
Pobreza en retroceso, no en aumento

Uno de los datos más contundentes —y menos difundidos— es el relacionado con la pobreza. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Colombia fue uno de los pocos países de la región que redujo la pobreza monetaria en 2023, pasando del 39,3% al 37,1%. Esto significa que más de un millón de personas salieron de la pobreza en un solo año.
Este logro se debe a una combinación de crecimiento económico, políticas sociales focalizadas e inversión en protección social. Programas como Ingreso Solidario, Jóvenes en Acción, la expansión de la cobertura en salud y la inversión récord en educación pública han amortiguado el impacto de la crisis en los hogares más vulnerables.
No se trata de “dádivas”, sino de inversión en capital humano y en el futuro del país. Para profundizar en cómo se mide la pobreza y qué políticas la reducen, consulta la metodología oficial de la CEPAL sobre pobreza y desigualdad.
¿Por qué se siente que todo va mal?
La brecha entre percepción y realidad se ha ampliado deliberadamente. El malestar ciudadano es legítimo: el costo de la vida ha subido, y muchos aún no ven mejoras en su día a día. Pero convertir esa frustración en una narrativa de “catástrofe nacional” es una distorsión peligrosa.
Los problemas estructurales de Colombia —desigualdad, informalidad, dependencia de commodities no se resuelven en dos años. Lo que sí ha hecho este gobierno es intentar abordar esas raíces, aunque con errores, límites y críticas válidas. Eso no es “destruir la economía”. Es intentar transformarla.
Recientemente, Colombia se mantiene como una de las economías mas estables de américa latina, según el F.M.I., se analizó el informe del FMI que destaca la estabilidad macroeconómica del país. Asimismo, se explicaron con claridad los alcances reales de la reforma laboral en discusión.
Conclusión: la verdad como acto de justicia
Este artículo no defiende ciegamente al gobierno. Todo poder debe rendir cuentas. Pero mentir con cifras, manipular el dolor del pueblo y sembrar pánico económico sin fundamento no es oposición: es irresponsabilidad.
Decir que “la economía se acabó” mientras Colombia crece, genera empleo formal y reduce la pobreza no solo es falso: es peligroso. Porque alimenta el desánimo, paraliza la inversión y erosiona la confianza.
Colombia no está en ruinas. Está en reconstrucción. Y en ese camino, la verdad es el primer acto de justicia.
Para entender mejor los indicadores económicos oficiales, el Banco de la República de Colombia ofrece datos actualizados, metodologías transparentes y análisis técnicos libres de sesgo político.
Leer: Estadísticas económicas Banco de la república
Por eso, hoy más que nunca, necesitamos ciudadanos informados, medios rigurosos y líderes que, incluso en la crítica, respeten los hechos. Porque mentirle al pueblo no es hacer política. Es robarle el futuro.
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