
En materia de salud en Sanitas, cuando la diligencia existe, debe reconocerse. Y cuando el abandono se vuelve sistemático, no solo puede, sino que debe denunciarse. En mi experiencia directa como usuario del sistema de salud, es necesario hacer una distinción clara y honesta: la única institución en la que he encontrado atención diligente, trato digno, respuesta rápida y respeto efectivo —en especial hacia adultos mayores y mujeres embarazadas— ha sido la Clínica Colsanitas de Villavicencio. Allí, la atención ha sido humana y coherente con lo que ordena la ley y exige la dignidad.
Sanitas, desinformación, descoordinación y barreras administrativas
El resto del proceso con Sanitas ha estado marcado por información falsa, descoordinación permanente y una plataforma de asignación de citas sin una estructura eficiente para garantizar la atención oportuna. A esto se suma la indiferencia y la indolencia de algunos prestadores, una combinación que en mi caso derivó en un indignante paseo de la muerte, producto del incumplimiento reiterado del servicio de salud.
Tutelas, desacatos y retaliaciones
El incumplimiento no se limita a la mala gestión administrativa. Sanitas ha desacatado una acción de tutela y tres incidentes de desacato adicionales, desoyendo órdenes judiciales claras y vinculantes. Peor aún, tras ejercer mi derecho a reclamar, he sido objeto de retaliaciones, una práctica inadmisible que profundiza la vulneración del derecho fundamental a la salud y evidencia un patrón institucional preocupante.
Adulto mayor, discapacidad y riesgo vital
Soy adulto mayor, discapacitado de movilidad, con múltiples patologías de base graves: compromiso severo de rodilla, columna sacrolumbar y cervical, afectación venosa en el cuello y una condición neurológica cerebral. En este contexto, cualquier dilación, omisión o negligencia en la atención médica puede derivar en daños irreparables, irreversibles e incluso en la muerte. No se trata de un discurso alarmista, sino de una realidad médica y jurídica objetiva.
Denuncia pública y eventual escalamiento internacional
Ante estos hechos, y desde mi responsabilidad como periodista investigador, analista y consultor jurídico, así como defensor solidario y voluntario del derecho fundamental a la salud, me veo obligado a hacer pública esta situación y a señalar a Sanitas como responsable directa de lo ocurrido. De persistir estas conductas, individualizaré a los responsables y escalaré estas denuncias a instancias nacionales e internacionales de protección de derechos humanos.
La salud no es un favor. Es un derecho
La salud no es un favor ni una concesión administrativa. Es un derecho fundamental. La dignidad humana no se negocia. Y el llamado paseo de la muerte, en cualquiera de sus formas, sigue siendo una de las expresiones más graves de vulneración del derecho a la vida en Colombia.



