
Seis meses de racionamiento y la crisis se agrava
Desde junio de 2025, la ciudad de Villavicencio enfrenta uno de los racionamientos de agua potable más severos de su historia reciente. No se trata de una contingencia pasajera ni de una dificultad menor: es una crisis prolongada, sostenida y en agravamiento, que hoy configura un doble racionamiento del servicio público esencial.
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Por un lado, el suministro regular del acueducto dejó de ser continuo. El agua llega por sectores, cada dos, tres o incluso cuatro días, durante una o dos horas, cuando llega. Por otro lado, el mecanismo alternativo dispuesto para mitigar la emergencia —el abastecimiento mediante carro tanques— presenta una irregularidad creciente, un doble racionamiento con jornadas completas e incluso varios días sin suministro efectivo.
Esta combinación ha llevado a que amplios sectores de la ciudad sobrevivan con un promedio aproximado de una hora diaria de agua, claramente insuficiente para cubrir necesidades básicas de higiene, alimentación y saneamiento.
Es grave y peligroso lo que sucede y puede suceder. No convirtamos este problema en batalla política, que si bien es cierto hay responsabilidad del Alcalde Baquero, el problema viene desde hace muchos años atrás, con presunta negligencia y galopante corrupción
Una promesa incumplida que agrava la desconfianza pública
Tras los eventos climáticos y los daños ocurridos en junio de 2025, se anunció públicamente que la normalización del servicio se lograría en un plazo máximo de tres meses. Ese plazo se cumplió. La solución no.
Hoy han transcurrido seis meses, y lejos de mejorar, el servicio se ha deteriorado. No existe un cronograma confiable de normalización, ni información técnica clara que permita a la ciudadanía entender cuándo y cómo se superará la crisis. Esta prolongación sin resultados concretos ha erosionado la confianza institucional y ha instalado la incertidumbre como parte de la vida cotidiana.
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Este señalamiento no busca generar confrontación política, sino dejar constancia objetiva del incumplimiento de los plazos anunciados y de sus efectos acumulativos sobre la población.
El impacto más severo: conjuntos residenciales y edificios
Villavicencio ha crecido de forma vertical. En numerosos sectores nuevos —no barrios tradicionales de hace décadas, sino conjuntos residenciales recientes— se concentran cientos y miles de personas en áreas reducidas.
Edificios de 7, 8, 9 o más pisos albergan adultos mayores, niños pequeños y personas con movilidad reducida. Cuando no hay acueducto ni llegan los carrotanques, la situación se vuelve crítica. No es viable subir agua por escaleras, no existen redes vecinales de apoyo como en barrios abiertos y no hay soluciones improvisadas posibles.
La afectación no es abstracta: se paraliza la vida diaria y se compromete la dignidad humana.
Agua “potable”, pero no confiable
Aunque el agua que llega es oficialmente catalogada como potable, ciudadanos han evidenciado mínima turbiedad y sedimentos en el líquido suministrado. Aunque estos indicios pueden ser leves, son suficientes para generar una desconfianza razonable y legítima en su consumo directo.
Como consecuencia, miles de familias han optado por no beber el agua del grifo, recurriendo a la compra de bolsas, botellas y botellones de agua. Esto implica un gasto adicional obligatorio, que se suma a recibos de servicio cada vez más altos, pese a la intermitencia y precariedad del suministro.
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En la práctica, la crisis ha trasladado el costo del problema a los hogares, mientras el único sector claramente beneficiado es el de los comercializadores de agua embotellada.
Afectación económica y desigualdad
El encarecimiento del acceso al agua ha golpeado con especial fuerza a hogares de ingresos medios y bajos. Pagar el recibo del servicio, comprar agua para consumo humano y, en muchos casos, adquirir recipientes para almacenamiento improvisado, representa una carga económica insostenible para numerosas familias.
Esta situación profundiza la desigualdad: quien puede pagar, se protege; quien no, queda expuesto.
Riesgos en salud pública: una advertencia preventiva
Villavicencio es una ciudad de clima cálido y húmedo, con temperaturas promedio entre 29 y 32 grados. La falta de agua suficiente y continua dificulta el aseo personal completo y permanente, lo que puede favorecer la proliferación de hongos, ácaros y afecciones cutáneas, así como otros riesgos sanitarios prevenibles.
Adultos mayores y niños pequeños son los más vulnerables. Esta afirmación no busca crear pánico, sino advertir de manera responsable y preventiva sobre riesgos reales y previsibles si la situación persiste.
La prevención en salud pública exige actuar antes de que aparezcan las consecuencias, no después.
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Un problema estructural con antecedentes conocidos
El colapso actual del acueducto no puede entenderse como un hecho aislado. Villavicencio arrastra décadas de obras inconclusas, contratos fallidos, deficiencias técnicas y presuntas irregularidades en proyectos destinados a garantizar el suministro de agua.
Existen informes de prensa, estudios técnicos y reportes de organismos de control que documentan millonarios recursos invertidos sin soluciones estructurales efectivas. Este trasfondo histórico es ampliamente conocido y no requiere mayor desarrollo aquí; basta señalar que la crisis actual es la consecuencia acumulada de decisiones erradas sostenidas en el tiempo.
Responsabilidades deben investigarse y sancionarse, pero el énfasis hoy debe estar en evitar un desastre social y sanitario en el presente.
Importancia nacional de Villavicencio y el Meta
Este no es un problema menor ni exclusivamente local. Villavicencio es la puerta de entrada a los Llanos Orientales y el Meta es un departamento estratégico para la economía nacional: producción agrícola, petróleo, gas y alimentos fundamentales para el país.
Una ciudad con este peso económico y social no puede permanecer meses sin un acceso confiable al agua potable. La estabilidad social de Villavicencio tiene implicaciones que trascienden lo municipal y lo departamental.
Conclusión: urgencia sin alarmismo, acción sin dilaciones
Este documento es un llamado respetuoso, objetivo y preventivo. No pretende generar alarma injustificada, pero sí dejar constancia de una situación que ya es alarmante por su duración, su agravamiento y sus efectos acumulados.
Se prometieron tres meses. Han pasado seis. El servicio no solo no se ha normalizado, sino que se ha encarecido, vuelto más irregular y menos confiable.
La falta prolongada de agua potable representa un riesgo real para la salud, la economía y la cohesión social de la ciudad. Aún estamos a tiempo de evitar consecuencias mayores, pero el margen se estrecha.
Villavicencio no pide privilegios ni tratos especiales. Exige lo mínimo que garantiza la vida digna: agua continua, segura y accesible.
Porque sin agua no hay salud.
Sin agua no hay vida.
Emi Carrillo
Noticolombia.net
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